
Con poco más de 6 kilómetros de longitud, y un ancho que varía de los 600 metros a los 2.3 kilómetros, Jost Van Dyke es la isla más pequeña de las Islas Vírgenes Británicas, lo que no le resta belleza ni razones para ser visitada.
Con ruinas de antiguos ingenios azucareros, senderos que aún perduran desde tiempos de los primeros exploradores y una fauna fascinante y abundante, Jost Van Dyke guarda además, vestigios arqueológicos que sugieren que esta pequeña isla fue visitada por civilizaciones regionales como los arahuacos y los caribes, antes de ser colonizada por los británicos y los holandeses.
La rica historia de Jost Van Dyke, marcada por la mezcla de culturas, ha dado lugar a una oferta gastronómica excepcional en el Caribe; en los diversos restaurantes frente a la playa predominan las barbacoas, la cocina india y los mariscos.

El nombre de la isla refleja una aventura en sí, pues fue nombrada en honor al corsario neerlandés Joost van Dyk, quien fue uno de los primeros colonos europeos en establecerse en las Islas Vírgenes Británicas a principios de los años 1600.
Además de ser un marino con permiso oficial de su gobierno para atacar barcos enemigos, fue un comerciante vinculado a la Compañía Neerlandesa de las Indias Occidentales que utilizaba las tranquilas calas y los puertos de esta pequeña isla como base de operaciones y escondite para sus embarcaciones.
Visitar Jost Van Dyke es una experiencia inolvidable, con puntos interesante como la colina Majohnny Hill, con solo 321 metros de altura y la Bubbly Pool, una poza natural similar a un jacuzzi situada en la costa noreste.









