
La laguna de Bacalar, en el Caribe Mexicano, es famosa por sus siete tonalidades de azul, y por sus densos humedales que la rodean, pero sin duda, uno de los más grandes tesoros que alberga en su interior son unas enormes estructuras de apariencia petreas cuya cobertura alberga a cientos de microorganismos que representan la forma de vida más antigua de la tierra: los estromatolitos.
El primer reporte sobre estromatolitos en Laguna de Bacalar, data de 1987, fecha desde la cual se inició la inviestigación de estas estructuras biológicas por un nutrido grupo de investigadores, principalmente, por parte del Laboratorio de Ecologia Microbiana dirigido por la doctora Luisa Falcón, del Instituto de Ecología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Las investigaciones han determinado que en Bacalar hay dos grandes tipos de estromatolitos, y se calcula que por cada gramo de estromatolito vivo existen 10 mil millones de células microbianas, destacando las cianobacterias, asociadas a procesos como la fijación de nitrógeno y la fotosíntesis, mediante los cuales liberan oxígeno y capturan dióxido de carbono.

Estas comunidades microbianas desempeñan un papel fundamental en el equilibrio ecológico, similar al que cumplen los corales en los ecosistemas marinos, y han logrado sobrevivir las 5 extinciones masivas en la Tierra volviendo a dar oxígeno a la atmósfera.
En Bacalar, junto con los manglares, conforman ecosistemas que actúan como biofiltros naturales, contribuyendo tanto a la belleza estética como a la salud del agua.
Pero los estromatolitos no sólo viven en Bacalar, también los podemos encontrar en las lagunas de Chunyaxché y de Señor en el Municipio de Carrillo Puerto; en la Laguna Chichancanab en el municipio de José María Morelos, y al noreste de la Isla de Cozumel municipio del mismo nombre, todos en el Caribe Mexicano.

En México también se han detectado en Cuatro Ciénegas estado de Coahuila; en la Laguna Alchichica estado de Puebla; en Laguna Figueroa en Baja California; y en Puerto México estado de Nuevo León.
En el Continente Americano los encontramos en la Isla Andros, en las Bahamas en el Mar Rojo; en Lagoa Salgada cerca de Río de Janeiro en Brasil; en la Laguna Amarga región de Magallanes al norte de Chile; en San Juan de Marcona en Perú; en Salares de la zona norte de Chile, como el Salar de Llamara; en Socompa y Tolar Grande, Salta, Zona de la Puna Salteña, en el norte de Argentina, más precisamente en la laguna de Socompa y en seis «ojos de mar».
En otras partes del mundo están presentes en Bahía de los tiburones en Australia; en Loulle, Francia; en Tailandia, India y en el Golfo Pérsico.
Se sabe que desde hace 3mil 500 millones de años producen el oxígeno que respiramos y capturan el dióxido de carbono a través de la fotosíntesis, y se consideran como “bosques” por su alta aportación para equilibrar la huella de carbono ambiental.
Por ser organismos vivos, es muy importante no tocarlos, ni apoyarse en ellos, solo así seguirán aportando sus beneficios al planeta.










