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Visitar Bahía Duquesne, en la isla de Grenada, es una experiencia que inspira tranquilidad pues permite caminarla de punta a punta, disfrutando del hermoso paisaje y de la fresca brisa del mar.

El paseo, por este poblado ubicado en la parroquia rural de San Marcos, suele estar acompañada de las risas de los aldeanos locales que se reúnen para socializar y practicar deportes o pescar.

Pero además del ambiente local y tranquilo, este lugar alberga fascinantes petroglifos amerindios, que brindan una ventana a través de la cual uno puede imaginar cómo era la vida hace siglos.



Estos petroglifos amerindios fueron grabados en la parte inferior de unas rocas donde rompen las olas del Caribe, por lo que es conveniente ir a verlos cuando la marea se encuentra en su punto más bajo.

Los petroglifos de la bahía de Duquesne, incluyen tres paneles numerados de norte a sur y seis rocas con múltiples cazoletas, es decir, cavidades en forma de copa talladas en la superficie de la roca.

El sitio está tan cerca del agua que varias de las cazoletas permanecen parcialmente sumergidas, algunas completamente cubiertas durante la marea alta y, por lo tanto, muy erosionadas o cubiertas de percebes y otros crustáceos.

Los guías locales señalan que antiguamente había más rocas aquí, pero que desde entonces han quedado cubiertas de arena.

Las piezas representan principalmente figuras geométricas, pero también son visibles unos rostros de aspecto amenazante y rodeados de espirales, cuyo significado es desconocido.

Algunos expertos piensan que son obra de los indios arawaks que antiguamente poblaron la isla, mientras que otros los sitúan en un periodo incluso anterior.




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