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Espiritualidad, generosidad y alegría son las características principales que hacen de la Pascua en Guadalupe sea más que una festividad religiosa sino una experiencia entrañable.

Las tradiciones pascuales en la isla, comienzan el Viernes Santo, un día solemne de reflexión y devoción, con misas y procesiones llenan las iglesias, sobre todo en pueblos como Basse-Terre, Capesterre-Belle-Eau y Le Moule.

El Domingo de Pascua, las campanas de las iglesias vuelven a repicar y las familias se reúnen para una comida festiva, mientras esperan con ilusión el gran evento del día siguiente.



Pero el Lunes de Pascua es quizás el momento más esperado de todos pues desde el sábado anterior, las familias acuden en masa a la costa, a menudo instalándose en calas escondidas o playas tranquilas, para acampar durante el fin de semana largo.

Tiendas de campaña, lonas, neveras portátiles y grandes ollas preparan el escenario para días de risas, siestas junto al mar y comidas compartidas en fogatas encendidas en la arena.

Cathédrale Notre-Dame de Guadeloupe

Desde Port-Louis hasta Sainte-Rose, Anse-Bertrand, Marie-Galante, Trois-Rivières y La Désirade, la costa se transforma en un alegre pueblo improvisado.

Los niños chapotean en las aguas poco profundas mientras los adultos se relajan, charlan y preparan platos abundantes juntos bajo el sol y las estrellas.

En Morne-à-l’Eau tiene lugar el Festival del Cangrejo, con su platillo principal: el cangrejo relleno, o mateté que consiste en arroz, carne de cangrejo, especias, hierbas y, a veces, un toque de chile, cocinado a fuego lento a la perfección y compartido generosamente entre familiares y amigos.




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