Mientras las naciones caribeñas enfrentan el aumento de las facturas de importación de alimentos, las interrupciones en la cadena de suministro y la creciente demanda de seguridad alimentaria, la agroindustria se presenta como una de las oportunidades de inversión más atractivas y subdesarrolladas de la región.
Entre los países de la Asociación Caribeña de Agencias de Promoción de Inversiones (CAIPA), Surinam es un ejemplo tanto del desafío como del potencial.
Con abundante tierra, agua e infraestructura agrícola existente, Surinam ofrece un gran potencial en cuanto a cómo la inversión estratégica, la escala y la modernización podrían impulsar el crecimiento de la producción y las exportaciones alimentarias regionales.
La CAIPA representa un mercado de consumo de aproximadamente 44 millones de habitantes y 30 millones de visitantes anuales.
La mayoría de sus naciones representativas son islas que, por definición, enfrentan limitaciones en la disponibilidad de tierra y recursos hídricos y, por lo tanto, dependen en gran medida de las importaciones para satisfacer sus necesidades alimentarias básicas, lo que crea una oportunidad estructural para los productores regionales.

Solo unos pocos Estados miembros, como Surinam, Guyana y Belice, poseen tierras agrícolas y recursos hídricos significativos, indicó Trevor Bullen, consultor agroindustrial independiente con más de cuatro décadas de experiencia global.
Según estimaciones de la FAO, Surinam cuenta con aproximadamente 3 millones de hectáreas aptas para la agricultura, de las cuales 1.5 millones son cultivables; sin embargo, hoy en día, solo unas 60 mil hectáreas se utilizan activamente.
Esta brecha representa tanto ineficiencia como oportunidad, especialmente para los inversores dispuestos a pensar a gran escala, comentó Bullen.
Señaló que una de las barreras más constantes para el éxito de la inversión agroindustrial en el Caribe ha sido la fragmentación y que los pequeños productores, desconectados entre sí, a menudo carecen de la escala necesaria para atraer capital, modernizar sus operaciones o competir en los mercados de exportación.
Añadió que en el caso de Surinam podría tener implicaciones para la seguridad alimentaria en todo el Caribe pues, cuando en países como Guyana, la fortaleza es el petróleo, para Surinam, es agricultura.

“En un plazo de cinco a diez años, Surinam podría abastecer el 75 por ciento de las necesidades alimentarias del Caribe Oriental, pero agroindustria en Surinam se basa en escala, integración, mecanización, desarrollo de marca, confianza y compromiso a largo plazo”, afirmó Bullen, argumenta Bullen.
Añadió que la agroindustria en el Caribe no se trata de pequeños proyectos ni de logros a corto plazo y la región requiere inversores dispuestos a adoptar esta perspectiva.


