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Situado en el extremo noreste de Tobago, en la bahía de Man-o-war, se encuentra el tranquilo pueblo pesquero de Charlotteville: el destino perfecto para el viajero que busca un lugar pintoresco con una magnífica playa, prácticamente al margen de la industria turística convencional.

Escondido en las doradas arenas de la bahía de Man-o-war, este pueblo posee una mística especial que cautiva a los visitantes y los atrae a quedarse.

El viaje hasta el pueblo es emocionante, recorriendo la hermosa costa noreste de Tobago por la sinuosa Carretera de Barlovento.



Los conductores y sus pasajeros disfrutan de una impresionante vista de Charlotteville desde la ladera montañosa.

El pueblo, con su costa de arena dorada, acariciada por las azules aguas de la bahía de Man-o-war, tiene como fondo las verdes montañas de la selva tropical.

En el pueblo pesquero, reina la tranquilidad y la serenidad que sugieren las postales de este destino. Nadar y hacer snorkel son excelentes maneras de disfrutar de Charlotteville.

El embarcadero cercano, otro punto de referencia muy conocido en la isla, es un buen punto de partida para aventuras submarinas.

La cala de la cercana Bahía Pirata es un buen lugar para adentrarse en el mar, pero prepárese para una caminata de 165 escalones que conducen hasta la cala, donde es frecuente avistar peces loro y peces ángel.

Otra playa para visitar es la Playa del Amor a la cual solo se puede acceder en barco, y cuyo color rosa debido a las conchas trituradas que han llegado a la playa, le tiñen de un ambiente romántico.

Desde sus inicios, la agricultura ha sido un elemento fundamental de la economía local, al igual que la pesca.

En el siglo 19, las plantaciones de azúcar, ahora desaparecidas, de Charlotteville contribuyeron al crecimiento del pueblo, pero el fin de esa industria es ahora una ventaja para quienes prefieren placeres sencillos: hermosos paisajes y un poco de paz y tranquilidad.

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